
¡Bienvenidos a la fabrica de la indignación! un espacio donde el enojo está construido y medido en función de la venta de servicios y los resultados electorales.
A veces lo que vemos en redes nos confunde más de lo que nos informa y no nos deja tomar decisiones electorales cuidando nuestros propios intereses. En la Escuela nacional del grito nos preguntamos por el efecto que un proceso como las elecciones 2026 le hace a nuestro cuerpo, mente y emoción y este es el resultado
Escrito por: Johan Sebastián Vallejo Zapata, psicólogo y mediador psicosocial de la Escuela Nacional del Grito. Complementado por Gustavo Álvarez Jiménez, director.
Anteriormente hemos hablado mucho sobre emociones. Si quieres saber más sobre la rabia conoce nuestro artículo.
Manual para desmontar lo que las elecciones le hicieron a nuestra emoción. Parte 2.
La fabrica de la indignación, ¿Quién gana cuando vivimos permanentemente enojados? (tal vez no estamos tan polarizados como creemos).
Tal vez estamos exhaustos. Durante meses vivimos entre titulares, videos, memes, debates, encuestas, cadenas de WhatsApp y publicaciones diseñadas para captar nuestra atención. Nuestro cerebro recibió más información emocional de la que podía procesar. Y cuando estamos cansados, pensar con calma cuesta más.
La economía de la atención no vende tranquilidad
Las plataformas digitales compiten por nuestro tiempo. Y existe evidencia de que los contenidos que despiertan emociones intensas, como miedo, indignación o sorpresa, suelen generar más interacción que aquellos que invitan a la reflexión. Eso no significa que todo sea manipulación, pero sí que los entornos digitales pueden favorecer conversaciones más reactivas que deliberativas Por eso es tan fácil sentir que «todo el mundo está peleando».
Las elecciones en Colombia se dan justo en un momento en el que las grandes plataformas sociales como Meta (Instagram y Facebook), se enfrentan a los gobiernos, por características de sus algoritmos que prioriza solo un lado de la información para los usuarios, enganchando con elementos gráficos y exponiéndolos al Doomscrolling.
Este es el nombre que recibe el hábito de consumir de forma excesiva, compulsiva y pasiva noticias e información negativa en redes sociales o páginas web.
El término proviene del inglés «doom» (condena o fatalidad) y «scrolling» (desplazar la pantalla), y se refiere a quedar atrapado en un ciclo infinito de malas noticias.
Durante estas elecciones, fue un elemento aprovechado por las campañas. medios de comunicación y generadores de opinión para alterar la opinión y el estado de ánimo del votante.
La desinformación no solo cambia opiniones. También cambia emociones
No toda noticia falsa busca convencerte. Muchas buscan hacerte sentir.
- Miedo.
- Rabia.
- Desesperanza.
- Desconfianza.
Cuando reaccionamos antes de verificar, dejamos que alguien más pilotee nuestras emociones. Por eso la alfabetización mediática también es una herramienta de salud mental. Practiquemos la desinfoxicación.
Desinfoxicarse no es ignorar la realidad. Es decidir conscientemente cómo relacionarnos con ella.
Antes de compartir, pregúntate:
- ¿Esto aporta comprensión o solo aumenta el enojo?
- ¿Me invita a pensar o solo a reaccionar?
- ¿Estoy difundiendo información o amplificando emociones?
El pensamiento crítico también se entrena.
La democracia necesita personas informadas. Pero también necesita personas capaces de detenerse. Porque cuando nuestras emociones son pilotadas por otros, perdemos parte de nuestra libertad para decidir.
- Respirar.
- Escuchar.
- Verificar.
- conversar sin convertir al otro en un enemigo.
Un país no se rompeen las urnas
Se rompe cuando dejamos de reconocernos como personas:
- Las diferencias políticas no son el problema.
- Las democracias viven de ellas.
- El problema aparece cuando dejamos de ver al otro como alguien con quien podemos conversar y empezamos a verlo únicamente como un adversario.
La psicología social llama a esto polarización afectiva:
- No significa que pensemos distinto.
- Significa que comenzamos a desconfiar, despreciar o rechazar a quienes piensan diferente.
- Ahí la discusión deja de ser sobre ideas y empieza a afectar los vínculos.
Las elecciones también mostraron diferencias entre generaciones.
- Jóvenes y personas mayores, en muchos casos, votaron de maneras distintas.
- Eso no necesariamente habla de una fractura.
- Habla de experiencias de vida, memorias históricas y formas diferentes de imaginar el futuro.
- Comprender esas diferencias es más útil que convertirlas en una batalla.
Los derechos humanos nos recuerdan algo esencial:
- La dignidad de una persona no depende de cómo vote.
- La libertad de pensamiento, la participación política y el respeto por la diferencia son pilares de una sociedad democrática.
- Podemos debatir con firmeza sin justificar la violencia, el odio o la deshumanización.
Escuchar no significa estar de acuerdo, ni hablar significa tener que convencer al otro:
- Significa reconocer que detrás de cada opinión hay una historia, unos miedos, unas esperanzas y unas experiencias que vale la pena intentar comprender.
- La escucha también puede ser una forma de reparación.
- La pregunta no es quién ganó una discusión.
- La pregunta es: ¿Cómo reconstruimos la confianza para seguir viviendo juntos?






