Hablar de salud mental hoy está muy de moda, y nos parece brutal que así sea. De a poquito con los contenidos que vemos a diario en redes y otros espacios se están acabando los tiempos donde ir a terapia era un secreto, “algo de loquitos” o un motivo de vergüenza.
En este artículo nos preguntamos ¿Cuál es la diferencia real entre un psicólogo y un psiquiatra?, ¿Las pastillas que me mandaron me van a dopar?, ¿Si voy a un taller de la Escuela o hago yoga ya me ahorré la terapia?, ¿ir a terapia me hace alguien frito o una persona que se ocupa de sí?.
Escrito por: Gustavo Álvarez Jiménez, director. Con colaboración de Tatiana López Herrera Directora social y administrativa, y Johan Sebastián Vallejo Zapata, psicólogo y mediador psicosocial de la Escuela Nacional del Grito.
La salud mental no es solamente “no estar en crisis”

Las diferentes charlas, talleres y acciones de la Escuela Nacional del Grito son diseñadas junto a Psicólogos. Aunque conocemos lo poderoso de estas experiencias, sabemos que no reemplazan el espacio terapeutico.
La salud mental también es poder disfrutar, descansar, poner límites, construir vínculos sanos y sentir que la vida tiene un poco más de sentido. Pedir ayuda no es un símbolo de derrota; muchas veces es el primer acto de cuidado propio y colectivo.
A pesar de todo ese contenido disponible, sigue siendo importante evitar minimizar este asunto o reducirlo a lo que un reel o una experiencia individual y personal me pueda cortar.
Sobre esto ya escribimos otro texto que puedes visitar con nuestro llamado a la corresponsabilidad Colectiva.
Hoy, cuidar la mente es el acto más revolucionario y autónomo que podemos hacer. Para alcanzar esas pequeñas grandes revoluciones que queremos para nosotros y nuestra comunidad debemos ganar herramientas para pilotear la emoción y gestionar los bajones a los que nos enfrentamos a veces. Pero seamos honestos: con tanta información en TikTok, Instagram y los consejos de los amigos, a veces se genera un ruido tremendo en la cabeza. Un reel de un minuto puede ayudarte a identificar algo que sientes, pero no reemplaza un proceso terapéutico ni una valoración profesional.
Vamos a bajarle a la distorsión, a afinar el lenguaje y a entender quién es quién en esta arquitectura social del bienestar.
¿Quieres conocer razones para ir al psicólogo? Aquí te compartimos algunas.
1. El Psicólogo: un maestro de dirección para tu orquesta emocional
Imagínate que tu mente es una banda y tus emociones son los instrumentos. A veces, la guitarra suena desafinada, el baterista va a mil, el encargado de las congas ni llegó y tú no sabes cómo dirigir el concierto. Ahí entra el psicólogo.
Un psicólogo es un profesional experto en el comportamiento humano, las emociones y la forma en que nos relacionamos con el mundo, porque sí, no se trata solo de tu cabeza, también de tu cuerpo y de la vida con los otros.
Su herramienta principal es la palabra y la psicoterapia.
¿Para qué sirve?
Para ayudarte a entender por qué reaccionas, cómo reaccionas, de dónde vienen tus miedos, cómo la alegría te muestra caminos que disfrutas, por qué hay personas que le tienen miedo al miedo, cómo desarmar patrones que te hacen daño, cómo le digo a quien me acompaña la vida que me está haciendo daño con algo y entre otras cosas, cómo construir herramientas prácticas (un kit de supervivencia emocional) para el día a día.
Un psicólogo no te va a decir qué hacer con tu vida, ni te va a juzgar. Un espacio seguro para ser. Un profesional que te ayuda a ganar herramientas para la vida, se sienta contigo a revisar la canción que vas a interpretar y te enseña a dirigir la orquesta.
La psicoterapia no es únicamente para “cuando todo está roto”. También puede ser un espacio para conocerte, entender tus vínculos, aprender a poner límites, fortalecer tu autoestima o construir proyectos de vida más congruentes con quien eres.
Si con el psicólogo que estás actualmente esto no pasa, puedes hablarlo abiertamente con esa persona.
2. El Psiquiatra: El ingeniero de sonido del cerebro
A veces, por más que ensayes y le metas voluntad a la banda interna, el amplificador principal tiene alguna falla por dentro. Hay un cable pelado o un fusible quemado. Ahí necesitas al psiquiatra.
El psiquiatra es un médico especialista que entiende la salud mental desde la biología, la química y el funcionamiento físico del cerebro. No somos solo pensamiento, ¡Somos materia viva!.
Evalúa si tus síntomas (como cuando vives una ansiedad desbordada que no te deja levantarte, o un insomnio de semanas) son situaciones que tienen una base neuroquímica. Al ser médico, es el único profesional de la salud mental facultado para diagnosticar trastornos clínicos desde un componente orgánico y recetar medicamentos.
Para hacer cambios, pasar por duelos o simplemente avanzar por los días necesitamos una cantidad de energía en nuestras cabezas.
Quítate del medio esa idea de las películas de terror. El psiquiatra moderno es un médico del bienestar. No va a «encerrarte» ni a quitarte tu personalidad; está ahí para asegurarse de que la máquina biológica que sostiene tus pensamientos funcione correctamente.
Psicólogo y psiquiatra no compiten entre sí; muchas veces trabajan en equipo. Mientras uno acompaña el proceso emocional y relacional, el otro ayuda a estabilizar síntomas que pueden estar desbordando la capacidad de sostener la vida cotidiana.
Un diagnóstico no debería funcionar como una etiqueta que te define, sino como una herramienta clínica para comprender mejor lo que ocurre y encontrar el tratamiento más adecuado.
Hace un tiempo el Museo Casa de la Memoria nos invitó a hacer una charla sobre Primeros Auxilios para no psicólogos. Jessica Valencia nos acompañó en esa ocasión. Te compartimos la sesión porque no siempre tenemos acceso a un profesional rápidamente.
3. ¿Para qué sirve la medicina que me enviaron? (Afinando el ecualizador)
Uno de los temas a los que no le ponemos el cuidado que requiere es el medicamentos psiquiátricos. «Es que me voy a volver adicto», «es que voy a parecer un zombie», «es que yo puedo solo, echándole ganitas».
El cerebro produce sustancias químicas que se llaman neurotransmisores (como la serotonina o la dopamina) que regulan el estado de ánimo. Cuando estás pasando por una crisis profunda, una depresión o un trastorno de ansiedad, esos niveles químicos se desbalancean. No es falta de fuerza de voluntad; es un asunto químico físico.
Estas medicinas funciona como un ecualizador de sonido:
- No te cambia la personalidad ni te soluciona los problemas de la vida.
- Lo que hace es estabilizar la química de tu cerebro para que dejes de estar en modo «supervivencia» o pánico constante.
- Al regular esa base biológica, te da la calma y la energía necesarias para que puedas ir al psicólogo y vivir tus emociones.
El medicamento prepara el terreno; la terapia siembra la semilla.
4. Las sesiones alternativas y el arte son vitales... pero NO son terapia
Sentarse a cuidar un murito con amigos escuchando música y hablando de todo lo que nos pasa es un parche importantísimo, pero se puede quedar corto.
En la Escuela Nacional del Grito amamos el arte, la música, los parches, los fanzines y el pogo. Creemos profundamente que el arte es una trinchera brutal para decir lo que las palabras callan, romper el estigma y armar redes de apoyo comunitarias.
Sin embargo, hay que poner una línea clara: Los espacios culturales, los parches de amigos, el deporte, el yoga o los talleres creativos NO son terapia clínica.
- Son herramientas de promoción, prevención y desahogo emocional espectaculares. Te sostienen la existencia, te ayudan a tramitar el dolor y te recuerdan que no estás solo.
- En terapia se puede ser sin ser juzgado, sin que te reaccionen desde la incomodidad, puedes decir lo que necesitas decir sin el temor de dañar a alguien querido, puede ser quien eres o explorar quién eres o simplemente levantar la mano para pedir ayuda sin el temor de que se burlen de tí.
- La terapia clínica es un proceso individual, científico, guiado por un profesional de la salud mental con un rigor técnico específico. Es llamar al que sabe para lo que se necesita.
Ir a un festival de música o pintar un mural te puede dar paz mental temporal (¡y nos encanta propiciar esos espacios!), pero si hay un trauma profundo, una ideación suicida o una crisis clínica, necesitas la ruta profesional: Psicología, Psiquiatría y el código dorado con respaldo de la ley (como el Código Dorado a través del 123 si la crisis es inmediata).
El arte salva muchas veces porque permite nombrar el dolor, compartirlo y convertirlo en algo colectivo. Pero incluso los espacios más amorosos tienen límites: los amigos no siempre saben cómo sostener una crisis, y el parche no debería cargar responsabilidades clínicas que corresponden a profesionales.
La comunidad acompaña, el arte expresa y la terapia profundiza. No son enemigos; cuando se articulan, pueden convertirse en una red poderosa para sostener la vida.




