El pasado fin de semana, las tablas de Pequeño Teatro —ese refugio de resistencia cultural que ha sostenido el espíritu de Medellín por medio siglo— se convirtieron en un mapa de nuestras heridas más abiertas. Asistir a la temporada de estreno de «En busca de Eunice o un rap sobre escombros» no fue para nosotros un simple acto de exaltación artística; fue un ejercicio de memoria colectiva y un choque emocional, brutal, contra la realidad de nuestra salud mental actual.
Esta obra, escrita y dirigida por Albeiro Pérez, es una reinterpretación contemporánea de Orfeo y Eurídice. Pero aquí el inframundo no es un mito griego, sino las capas de tierra, escombros, olvido y burocracia que cubren la verdad en las laderas de Medellín. Al iniciar la función, un frío nos recorrió el cuerpo, pero pronto sentimos el abrigo de quienes estábamos allí; un recordatorio de que esta historia nos atraviesa a todos.
¿Cómo se baja hasta los infiernos para buscar a tu amada si ese lugar son las calles de tu propio barrio?, ¡Qué conversaciones las que han nacido después de esa función!.
Escrito por: Gustavo Álvarez, director de la Corporación Escuela Nacional del Grito y Johan Sebastián Vallejo Zapata, psicólogo y mediador psicosocial de la Escuela Nacional del Grito.
Fotografìas para El Pequeño Teatro: Alexis Agudelo https://www.instagram.com/aleal.fotografo

La Comuna 13: El escenario que ni entierra sus memorias, ni deja de mirar hacia arriba
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En Busca de Eunice, nos sitúa en una Medellín que reconoce con su cuerpo, la desaparición forzada. No podemos hablar de Eunice sin la Operación Orión (2002) y en La Escombrera, el que se considera el cementerio a cielo abierto más grande del mundo.
Como señala la investigación de Hernández-Holguín et al. (2023), el teatro en Medellín funciona como una «comunidad del sentir», permitiendo que el trauma colectivo —ese que la burocracia intenta archivar— encuentre un cuerpo y una voz. Los elementos del territorio están ahí: las laderas, las madres que ponen el pecho, el eco de los disparos y la métrica del Hip-Hop.
Mientras se tiran unas barras de rap, el beat es construido por los cuerpos de los actores, que marcan el ritmo zapateando fuerte, haciendo que el teatro vibre. Estamos seguros que que esas ondas llegan hasta La Escombrera, como llegará el rumor de esta obra a todos los rincones del país. Aquí el rap es la métrica de la resistencia.
Ya antes hemos escrito sobre la relación existente entre música y salud mental. Mateo, el «pelao» del siete y el escapulario, el que también ha estado en “vueltas”, el novio rapero, usa las rimas para descender a los lugares más oscuros de la ciudad, intentando conectar con Eunice, rescatarse a sí mismo y huir del silencio.
Una Obra que se siente

La representación del duelo en los padres de Eunice es un espejo de nuestra salud mental comunitaria.
Doña Esperanza (El Grito), encarna la denuncia. Marca límites, se enfrenta “al duro” y a la funcionaria indolente que, bajo sus premisas de «los malos son ellos», ejerce una doble moral que revictimiza y deshumaniza. Es la madre que, a pesar de la falta de tacto institucional, no permite que el nombre de su hija se borre.
El nombre del padre lo dice todo. Don Ausencio (El Silencio), es el hombre que, al perder a varios miembros de la familia, no volvió a hablar.
Representa a una generación de hombres en Medellín que, por falta de herramientas para transitar la emoción, se hunden en el mutismo traumático.
Porque la reconstrucción del vínculo con el ausente requiere sobre todo poder nombrar el dolor; Ausencio, al no poder hacerlo, se convierte en un muerto en vida (Salinas-Arango & Cardona-Arbeláez, 2025).

En esta arquitectura del dolor, también aparece un narrador sombrío que nos hizo estremecer: un hombre destruido por una vida en el crimen, que agoniza al lado de «su flaca» —la muerte misma—. Juntos, en una danza macabra y confesional, arman el mapa de donde han quedado los cuerpos enterrados. Es el grito último de quien, frente al final, decide que sus secretos pesan más que la tierra, revelando la geografía del horror que hemos pisado sin saberlo.

Y luego está Polo, hermano de Eunice. Uno de esos “locos” que nos enseñan a mirar arriba. Su personaje nos remite a la lírica de Rubén Blades en «Sebastián». Polo es el «coleccionista de sonidos», el que en el barrio tacharíamos como el “loquito”, privándolo de la atención necesaria. Así Como el Sebastián que describe la canción, que construía naves espaciales con cartón y latas para escapar de un «barrio de mierda» hacia el mundo sideral, Polo utiliza sus grabadoras y paisajes sonoros para conectar con lo que nadie más quiere oír: los susurros bajo la tierra.
Mientras la ciudad camina sobre el asfalto, Polo busca el destello de los ausentes. El director Albeiro Pérez logra una belleza desgarradora: nos enseña que la constelación de Orión es un recordatorio poético sobre el horror de la operación del mismo nombre. Cuando Blades dice «Solo las estrellas bastarán» parece hablar del mismo Medellín de la obra, porque al alzar la mirada, nos encontramos con nuestra propia historia.
Hay una carga física en el montaje: esa tonelada de escombros que cae simbólicamente sobre los que buscan y sobre los que ya no están, un peso que solo se alivia cuando levantamos la vista.

Salud Mental, mirar a las estrellas bajo una lluvia de balas
La salud mental aquí no es la ausencia de trauma, es la resiliencia. Es la capacidad de Esperanza y Mateo de seguir buscando a pesar de los peligros y de un sistema que confunde y evade amparados en prejuicios sociales. El rap en la obra es denuncia y es rima de amor; es el lenguaje de un territorio que se niega a ser silenciado.
«En busca de Eunice» nos deja una pregunta incómoda: ¿Cuántos escombros estamos dispuestos a remover para encontrar nuestra propia verdad? Pregunta que nos atraviesa como también lo hace una sonrisa, la rabia, el miedo, la tristeza durante la duración de la obra. El arte, cuando es riguroso, se convierte en sanación colectiva para fijar posición frente a la injusticia.

Al terminar, el director nos confesó una sensación agridulce: el silencio de los medios conservadores de la ciudad frente a una obra necesaria. Por eso, desde la Escuela Nacional del Grito hablamos de lo que sentimos. Lo que no se nombra, se olvida.
Las estrellas que iluminan a Medellín en esta obra, no son las mismas que se mirarán desde una playa artificial en medio de esta ciudad. Frente a la Medellín que se maquilla para el extranjero, frente al tour que vende estampitas de Pablo Escobar, esta obra desvela la herida que no ha cerrado.
La memoria y la emoción se entrenan asistiendo a estos encuentros. Si la salud mental es el derecho a vivir aquí sin que el miedo nos desborde, esta obra es un grito necesario. La memoria es evitar que el silencio de Don Ausencio se convierta, de nuevo, en el de nuestros jóvenes.
Si te perdiste esta primera temporada, deben saber que se ha programado una nueva temporada para el segundo semestre de este año. ¿Qué será de Eunice hasta entonces?.

Memoria en escena: el arte como sanación colectiva del tejido social y la salud mental en Medellín
La violencia prolongada, la guerra urbana y la existencia de territorios convertidos en cementerios a cielo abierto han ido rompiendo, capa por capa, el tejido social de Medellín: no solo desaparecieron cuerpos, también se erosionó la confianza, se fracturaron los vínculos comunitarios y se debilitó la posibilidad de juntarnos, de hacer cosas en común, de habitar lo colectivo sin miedo.
La literatura sobre trauma colectivo ha demostrado que cuando la violencia se prolonga y se silencia, el daño deja de ser únicamente individual y se instala en la vida social, afectando la identidad, la cohesión y la salud mental de comunidades enteras (Erikson, 1976; Alexander, 2004), mientras que el silencio impuesto y la negación institucional profundizan el trauma y lo transmiten de generación en generación (Das, 2007).

Frente a ese daño, la memoria histórica no es un ejercicio del pasado sino una necesidad vital: recordar en colectivo permite transformar experiencias traumáticas aisladas en relatos compartidos, dotados de sentido, condición clave para elaborar el duelo y reconstruir el lazo social (Halbwachs, 1950; Herman, 1992).
Diversos estudios en contextos de violencia política muestran que los procesos de memoria colectiva fortalecen la resiliencia psicosocial, reducen el miedo crónico y contribuyen a restaurar la confianza y la participación comunitaria, elementos centrales de la salud mental comunitaria (Martín-Baró, 1990; OPS/OMS, 2016).
En este marco, el arte emerge como un dispositivo de memoria particularmente potente: el teatro, la música, el cuerpo y la poesía habilitan lenguajes simbólicos que permiten nombrar el dolor sin revictimizar, dignificar a las víctimas y crear espacios seguros de encuentro (Ricoeur, 2004; Eyerman, 2001); funcionan como verdaderas hogueras comunitarias que reúnen allí donde la violencia dispersó, detonan la conversación, facilitan la catarsis colectiva y fortalecen el lazo social (Stauffer, 2012).
Al encontrarnos alrededor de obras como En busca de Eunice, el sufrimiento deja de ser individual, el silencio comienza a romperse y la ciudad puede mirarse sin maquillaje, reconocerse en su historia violenta y ensayar, desde lo simbólico, caminos de sanación colectiva, reparación y no repetición; el arte, cuando es riguroso y honesto, no solo recuerda, también cuida, repara y vuelve habitable la vida en común
Referencias y enlaces para profundizar
- Pequeño Teatro de Medellín: Sitio Oficial y Programación
- Contexto Histórico (Operación Orión): https://centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2011/informe_comuna13_la_huella_invisible_de_la_guerra.pdf
- Construcción de paz desde la perspectiva de la salud mental: Hernández-Holguín et al. (2023) https://www.scielosp.org/article/icse/2023.v27/e220463/
- Construcción de Paz y Salud Mental: Salinas-Arango, N. A., & Cardona-Arbeláez, J. F. (2025). Construcción de paz desde la perspectiva de la salud mental: análisis conceptual y del discurso. UPB. https://investigacion.upb.edu.co/es/publications/construcci%C3%B3n-de-paz-desde-la-perspectiva-de-la-salud-mental-an%C3%A1li/
- Reseña sobre la obra: Teatro y rap para contar la desaparición – Hacemos Memoria
- Referencia Musical: Rubén Blades – Letra de «Sebastián»




